Inicio mi recopilación de memorias por este proyecto (abandonado como tantos otros) por una simple razón: es lo primero que me ha venido a la cabeza hoy. Quizás tenga algo que ver la resaca que llevo… y el saber que mediante las “tags” puedo ir escribiendo mis memorias sin ningún orden ni planificación ya que siempre las podré localizar de forma rápida y sencilla (si tageo bien, evidentemente).
Antes de meterme como asalariado en el mundo hotelero, estuve a un paso de abrir mi propio negocio en Barcelona: un bar. Con un buen amigo buscamos toda la información y legislación necesaria, el apoyo financiero, presentamos el proyecto a Barcelona Activa para ver si el Ayuntamiento además nos subvencionaba algo por ser jóvenes emprendedores…
La parte más difícil fue encontrar el nombre. Tuvimos diversas sesiones de “brainstorming” (es decir, tardes de cerveza y olivas) en las que pensamos muchos y muy buenos nombres: Bar Tolo, Bar Bería, Bar Eto, Bar Cadepesca,… pero al final nos quedamos con bar Biotxa, en homenaje a un “club de mujeres de las que fuman” llamado así y cercano a la casa de mi socio, que cerró años atrás, mucho antes de que nunca pudiésemos entrar.
Encontramos un local muy espacioso, de dos plantas, perfecto para todo lo que habíamos pensado. El Biotxa sería un bar – club social con actividades a cargo de toda nuestra red de conocidos: charlas literarias, campeonatos de pingpong, cursos de guitarra, sala de conciertos para grupos debutantes… todo esto ocuparía el piso superior.
En el piso inferior se encontraría la barra. Antes de que a nadie se le hubiese jamás ocurrido, nosotros ya pensamos en poner un PC para la música, y no comprar ni radio ni mini cadena ni nada de lo que se usaba en esa época. Evidentemente, no puedo demostrar que fuimos los precursores de la invasión mp3…
También ideamos un sistema para poder pedir sin la molestia de levantarse o esperar al camarero: cada mesa tendría un terminal con MSN (con el usuario fijo: mesa1, mesa2, mesa3…) de forma que se pudiese pedir directamente mediante un mensaje al pc de la barra. Además, también se podrían enviar mensajes entre las mesas, para favorecer el ligoteo y a largo plazo subir la tasa de natalidad… Años más tarde este sistema se implantó en un bar en Argentina. No sé cómo les llegó la idea.
Otro de los puntos que más desarrollamos fue el PFC: Programa de Fidelización del Cliente. Mediante un carné se controlaría el consumo de los clientes y se premiaría la fidelidad (que no el alcoholismo) con descuentos especiales y rondas gratis. Además se segmentaría en las clases Cliente VIP, Cliente Gold y Cliente Platinum, con diferentes tratamientos y beneficios.
Lamentablemente, la dueña del local (también conocida como vieja hija de p***) subió el alquiler que habíamos pactado verbalmente al redactar el contrato y tuvimos que abandonar el proyecto por inviable.
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