No fue la primera vez, ni la última, que experimenté una conexión a un mundo paralelo.
Estaba cansado, y me senté en una mesa de picnic, con la cabeza entre las rodillas. Cerré los ojos.
Antes de volver a abrirlos, ya sabía lo que iba a ver: estaba dentro de un cómic de Robert Crumb.
Todo a mi alrededor era una viñeta, y miré mis manos. No puede ser, yo no soy el personaje de un cómic.
Pero sí, lo era. Un cómic en el que no había ningún otro personaje. Al menos, que yo pudiera ver.
Me acerqué a un árbol, un árbol que proyectaba una larga sombra de trazos negros cruzados. A cada paso, la sombra iba redibujándose, para que nunca llegara a tocarla. Tras dar 3 o 4 vueltas, comprendí que como yo era el protagonista del cómic, nunca podría estar a la sombra, el foco me seguía.
Me olvidé del árbol y la sombra para concentrarme en un sonido que me estaba machacando la cabeza. Lo localicé: provenía de una torre de alta tensión que había ladera abajo. ¿Qué demonios hacía esa torre allí?
Con mis nuevos poderes, que para eso era el personaje del cómic, hice un zoom visual y observé que encima de la torre había 4 monos fumando y bebiendo Southern Comfort. Pensé en acercarme y pedirles un trago, pero empezó a oscurecer y hacía frío.
Debe ser ya hora de volver, me dije. Regresé a la mesa de picnic y volví a sentarme con la cabeza entre las piernas. Cerré los ojos. De fondo empecé a oír voces y escuchar música árabe.
- ¿Qué, nos vamos?
- ¿Ya?
- Sí, este sitio es una mierda y además no pasa nada.
- Bueno… ¿que es esa música?
- No sé, vamos a ver…
Y acabamos la noche con un grupo de bereberes que se habían reunido para cantar canciones tradicionales de su pueblo, acompañados por un violín y una especie de pandereta…
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